Donde hay muerte, hay esperanza

En su visión del valle de los huesos secos, Ezequiel vio seres humanos cuya búsqueda por la vida y la felicidad, el triunfo y el gozo, había llegado a su fin.  En una escena de completa ruina, Ezequiel comprobó que tenían la vitalidad agotada, y su identidad desvanecida, porque ellos habían llegado a la muerte de la esperanza.

Sin ver una salida para tan miserable situación, el profeta es sumido en un sentido de desesperanza. Se queda paralizado en el silencio ante aquella escena de ruina indescriptible. La pregunta inevitable que emerge es: ¿habrá alguien que sea capaz de impactar a la muerte con la vida, y sembrar renovada esperanza en los pantanos de desesperación?

A veces podemos ser tentados a decir, “Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza; y somos del todo destruidos” (Ezequiel 37:11). Cuando nos enfrentamos a estos momentos, ¿recordaremos aquel tremendo cambio que ocurre cuando el poder de Dios interviene en la experiencia humana?

La proclamación de la Palabra de Dios abre la ruta para los seres humanos, diseminados en los despojos del tiempo, para encontrar una nueva vida y ser levantados de la tumba de la fatalidad a nuevas alturas de gozo. Por medio de la Palabra de verdad, Dios nos despierta de nuestro abatimiento para remover aquellos grilletes de desesperanza. Llegamos a conocer el poder transformador de Aquel hace nuevas todas las cosas.

Esto es precisamente lo que ocurrió en el Día de Pentecostés. En medio de las mofas de aquellos que no entendían lo que estaba pasando, una multitud diversa oyó los susurros silentes de la voz de Dios en los sonidos magníficos de variadas lenguas. Los huesos se juntaron otra vez; los muertos hallaron nueva vida y miles que vinieron a la fe en Cristo Jesús fueron bautizados.

Pentecostés nos recuerda que no hay espacio para la desesperanza aun cuando estemos varados en el tempestuoso mar de la vida y el desastre nos llegue a sobrepasar. Dios tiene por costumbre tomar aquellos huesos secos y diseñar a partir de ellos un pueblo nuevo.

Este año, cuando recordemos Pentecostés, quiera el Espíritu Santo soplar aliento en nosotros y reemplazar la desesperación por esperanza, el fervor deprimido por entusiasmo renovado, y la muerte por la vida.

El Señor cuya resurrección hemos estado celebrando en la Pascua ha ascendido. Ciertamente, Jesús vive y, por el Espíritu Santo, Él está trayendo nueva vida a regiones en desesperación. Donde hay muerte, hay esperanza!

Neville Callam
Secretario General de la
Alianza Bautista Mundial

Traducción de Josue Fonseca

Alianza Bautista Mundial®
© 04 de junio 2014