Plena libertad con absoluta dependencia

Las múltiples dimensiones de la vocación de la iglesia requieren que vivamos nuestra identidad eclesial con auténtica humildad.

Los cristianos entienden esto porque han experimentado el poder de la impotencia, la fuerza de la debilidad, y la riqueza de la pobreza. En su adoración y testimonio, en su misión y servicio, están llamados a revelar la humildad propia de la abnegación.

Durante este momento del año cristiano se celebra la resurrección de aquel que no consideró el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. Más bien, practicó un amor que se despoja de sí mismo y así nos abrió la puerta a la vida eterna.

Desde la cruz, aquel que calmó los vientos, sanó a los enfermos y levantó a los muertos nos mira impotente. Se enfrenta a las consecuencias de una parodia de la justicia. Está herido por el mal que hicimos; molido por nuestras acciones pecaminosas. Lleva el ropaje de la víctima impotente ante la violencia de una turba equivocada.

Y luego… ¡viene el día de Pascua! Descubrimos que ese hombre que está en la cruz es vencedor, no víctima. Clavado sin piedad en una cruz, aunque en realidad está levantado para conducir la humanidad a Dios. Vestido con los harapos de la impotencia en la cruz, en realidad nos muestra dónde encontrar el verdadero poder y cómo manifestar verdadera fuerza. No es sorprendente que en la mañana de Pascua Dios lo levantara de la tumba habiendo cumplido su misión.

Ahora podemos afirmar que parte de la vocación de la Iglesia es modelar un valor que se encuentra en el mismo corazón de nuestra vida: una humilde vulnerabilidad. Los seguidores de Jesús saben que el débil puede decir: “Fuerte soy”, y los pobres pueden decir: “Rico soy.” Y este es el resultado de la obra de Dios en la muerte y resurrección de nuestro Jesús el Cristo.

En la Pascua recordamos que donde hay debilidad el poder de Dios puede mostrarse poderosamente. Creer esto es reconocer que la plena libertad sólo se puede encontrar en la más absoluta confianza en aquel que es confiable, nuestro Salvador.

Neville Callam
Secretario General
Alianza Bautista Mundial

(Traducción de Fernando Méndez)

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© March 2015