Una ruptura que cambia la vida

¡Cataratas! Vienen en diferentes tamaños y formas y son a menudo hermosas para la vista.

Pocas pueden exceder el esplendor de las cataratas en Foz do Iguaçu, Paraná, Brasil. ¡El amplio alcance de las cataratas! Millones de litros de agua que caen en cascada sobre acantilados firmes como el granito. ¡El agua fluye, kilómetro tras kilómetro, año tras año! Sorprendido por su inquietante belleza y la espléndida variedad exhibida, uno puede recordar distintos momentos en la historia de la salvación.

En determinados puntos, las cascadas despiertan recuerdos del amanecer de la creación cuando Dios separó las aguas del caos y formó la tierra. Dios creó el espacio para que la naturaleza brille y las criaturas crezcan sanas, cada una cuidando a la otra en el bien ataviado jardín de la vida.

En otros puntos, las cataratas inspiran recuerdos del viaje de la vida a través de las amenazantes aguas que exponen nuestra vulnerabilidad, pero también abren nuestros ojos a la gracia soberana de Dios hacia las personas que Dios elige. El pueblo de Israel cruzó ileso las aguas del caos. Ellos experimentaron el viaje sagrado emprendido por el pueblo de Dios a lo largo de la historia bajo la protección de aquel que es capaz de librarnos del riesgo o del peligro.

Especialmente al final del viaje, tallado por seres humanos durante unos dos kilómetros a lo largo del borde de una montaña que absorbe toda esta belleza día y noche, las cataratas sencillamente dejan de caer en cascada. Simplemente saltan con furia sobre lo que parecen ser rocas de pedernal y luego caen despiadadamente en el suelo. Las cataratas se estrellan contra otro nivel con chillidos, salpicando a cualquiera que se atreva a acercarse.

Las cataratas pueden recordar la ruptura que tiene lugar en el útero de aquellas a quienes el Creador otorga el precioso regalo de tener hijos. La bolsa de las aguas se rompe y una nueva vida asoma con todo su misterio, promesa y esperanza. 

En el caso de María, una simple adolescente, se había encontrado cara a cara con el misterio cuando el mensajero divino le habló de la acción bella, pero atemorizante, que Dios estaba haciendo en ella. Las palabras impactantes dieron lugar a una calma respuesta de disposición a seguir la voluntad del Señor. 

Luego, más tarde, en Belén, ese gran y memorable día, se rompió su bolsa de las aguas y dio a luz al misterioso ser que ella colocó en un pesebre. Nacido en la oscuridad, su aparición anunció una ruptura poderosa en la historia humana. Llorando a gritos como lo hacen los bebés recién nacidos, Jesús escapó de la seguridad del útero de una madre amorosa para enfrentar al mundo con todos sus males. Aprendió temprano los sufrimientos de la vida de un refugiado. Más tarde, anduvo de un lugar a otro como una persona sin hogar. Aún más tarde, ofreció su vida como resultado de una parodia de la justicia. Mientras tanto, El demostró cómo el amor lleva a la vida, cómo el perdón cubre el pecado, cómo la vida abundante triunfa sobre la temida muerte. 

La bolsa de las aguas que se rompió aquella primera mañana de Navidad allanó el camino para la vida que ni siquiera la muerte puede destruir. El Calvario no pudo apagar esa vida; sigue siendo un mero camino hacia una tumba vacía. La muerte dio paso a la victoria de la resurrección. 

Por encima de todo, lo que las cascadas en Iguazú recuerdan es la buena noticia de que la Navidad es una ruptura en el tiempo y el espacio, una poderosa ruptura mediada por las aguas embravecidas que caen en cascada del útero de una Virgen madre. Se trata de un gran cambio en el curso de la historia, un evento histórico que tiene el poder de transformar la trayectoria de cada vida humana y de cada comunidad. 

¡El bebé cuya venida celebramos es Emanuel, Dios con nosotros! ¿De qué modo te han cambiado a ti y a tus seres amados las gloriosas buenas nuevas de Navidad?

Neville Callam
Secretario General
Alianza Bautista Mundial

(Traducido por: Febe y Tomás Mackey)