El Dios que está con nosotros

“Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1: 23)

Navidad llega una vez más. No como un sedativo para calmar nuestros nervios cuando los eventos turbulentos arrojan tristeza en los espacios donde alguna vez reinó la felicidad. No como una medicina para levantar nuestros espíritus cuando un indescriptible sufrimiento llena con lágrimas nuestros ojos y nuestras mentes con temor.

¡Navidad llega! No como un paliativo para adormecer nuestro dolor cuando somos inundados por aguas que se elevan y amenazan con tragarnos. No como un tiempo de iluminación artificial para ayudarnos a superar la obscuridad que nos ciega frente a cualquier real alegría que el mundo pueda albergar.

La navidad llega para recordarnos una verdad inequívoca: El Dios a quien servimos no está ajeno al mundo, vestido de una autosuficiencia sorprendente, rodeado de un esplendor glorioso, incontaminado por la condición humana pecaminosa, y al margen de la impureza.

Es cierto que podemos afirmar que Dios es trascendente, alejado de los caprichos de la vida, no restringido por la existencia terrenal, reinando en paz perfecta. Sin embargo, esto no es todo lo que sabemos sobre Dios.

En navidad, recordamos que Dios entra a lo áspero (rudo) y caído de nuestras vidas. Por su amor a la creación, Dios envía a Jesús el Hijo a este mundo para abrir para nosotros el camino al reino de arriba en el cual las pruebas de la tierra no pueden equipararse con los beneficios del cielo.

Jesús viene. El ve y experimenta las terribles circunstancias en las cuales muchas personas subsisten a duras penas. El huele el olor de un establo y experimenta el efecto de la pobreza. Junto con su familia terrena, enfrenta el terror causado por el abuso del poder político y sufre el grave estado de aquellos que son forzados a la condición de refugiados.

¡Es navidad! Y cuando Jesús viene, un coro de ángeles estalla en canto; los pastores llegan desde el campo y los magos viajan desde lejos para recibirle.

El Dios a quien Jesús revela es trascendente – el que está sobre nosotros. Pero Dios también es inmanente – el que está al lado de nosotros y alrededor de nosotros. Este es el Dios que está con nosotros en un mundo que acuna tristeza, decepción e incluso desesperación.

Estas son las buenas nuevas para todos nosotros, incluyendo a aquellos que se sienten atrapados en circunstancias difíciles. No estamos solos. Dios está con nosotros. Y cuando Dios viene a nosotros, la esperanza desciende sobre nosotros, la alabanza asciende desde nosotros y, desafiando a las huestes espirituales de maldad, experimentamos paz, incluso en medio de la tormenta.

Neville Callam
Secretario General de la
Alianza Bautista Mundial

(Traducido al español por Febe y Tomás Mackey)